Europa: barbarie en el siglo XXI

Europa se ha perfilado como un continente donde se respetan tanto los derechos humanos como los de los animales. Aún así, quedan vestigios de barbarie que llevan más que a un simple fruncir de cejas. En el archipiélago de las Feroe, se realizan rituales de iniciación a la vida adulta de los jóvenes. El instrumento: la masacre de delfines.

Europa: barbarie en el siglo XXI

Hugo Copes / Radio Nederland

Día de Publicación: 2009-02-09

Europa se ha perfilado como un continente donde se respetan tanto los derechos humanos como los de los animales. Aún así, quedan vestigios de barbarie que llevan más que a un simple fruncir de cejas. En el archipiélago de las Feroe, se realizan rituales de iniciación a la vida adulta de los jóvenes. El instrumento: la masacre de delfines.

Las islas Feroe (Føroar en feroés, que significa “Islas de corderos”) se encuentran en el Océano Atlántico Norte, entre Escocia e Islandia. Están políticamente asociadas al Reino de Dinamarca, aunque gozan de autonomía desde 1948. A la cabeza del poder ejecutivo se encuentran el Alto Comisionado, designado por la reina danesa, y el primer ministro, que es electo democráticamente por la población del archipiélago.

Con unos 48.000 habitantes, las Feroe son uno de los pocos lugares del mundo donde la población masculina supera en número a la femenina. La economía de las islas se ha basado tradicionalmente en la cría de corderos y sobre todo la pesca, como el bacalao y el arenque.

Masacre
Una tradición milenaria de los isleños es la caza de ballenas piloto. Éstas se acercan en primavera a las costas de las islas siguiendo sus rutas migratorias. Aunque el archipiélago ya no depende de la carne de cetáceos para su mantenimiento, la tradición continúa viva. La masacre de, en este caso delfines, es un ritual de iniciación a la vida adulta para los jóvenes hombres feroeses.

El evento es sobrecogedor. Haciendo uso de barcos, se empuja a los delfines hacia una bahía, cerrando la salida hacia el océano con redes. La mayoría de los animales terminan varando en la costa. Aquellos que permanecen en aguas más profundas, son arrastrados a la playa introduciéndoles un gancho en el orificio respiratorio.

Una vez en tierra, se procede a matarlos cortando las principales arterias y la espina dorsal a la altura del cuello. La agonía del animal puede prolongarse por minutos, dependiendo de cómo se haya hecho el corte.

Indignación
Aunque se afirma que estas masacres no forman un peligro para la estabilidad de la población de los cetáceos, la brutalidad de la caza de estos inteligentes mamíferos ha causado críticas a nivel internacional, así como la indignación de organizaciones defensoras de animales.

A esto se suma el hecho de que las autoridades de la salud insisten en que comer carne de cetáceos implica altos riesgos. La carne tiene hoy día altas concentraciones de mercurio y cadmio, lo que puede ser nocivo, especialmente en el caso de niños y mujeres embarazadas.

Las voces de protesta en Europa se están alzando para poner fin a esta cruel práctica. El holandés Partido por los Animales (PVDD) ha iniciado una campaña para llamar la atención sobre este problema. Si usted también desea protestar, puede firmar la petición yendo al sitio web del partido (http://www.pvdd.nl).

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